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Never forget, never forgive. [III]

Enero 15, 2008

- Kathy se ha ido – dice el mesero al hombre que pregunta apoyando el codo derecho en la barra. Él sabía que aún tenía tiempo para encontrarla en el callejón, pero la dejaría irse. Mañana volvería y miraría su culo moverse por escenario una vez más. Mañana pasaría por la comisaría a preguntarle al tira de turno cómo iba la búsqueda de la mujer. Mañana llamaría al esposo para decirle que no había avances. No hay motivo para apresurarse y ya había hecho la mayor parte del trabajo. Ya la había encontrado. Se hospedaba a dos cuadras más abajo, por la calle Geneva, en el Hotel Helvecia, un sitio de tan mala muerte como el Night Club en el que bailaba.

Perdida entre la gente que miraba el show, una muchacha repartía cigarros y canturreaba una cancioncita lastimera mientras se ofrecía sin mucha gracia. Ya tenía esa mala impresión de las putas de ese país. Todas tratan de dar lástima. “Invítame un trago”, le dijo ella al acercarse. No le contestó, pero hizo un gesto con la mano y le dejó sentarse a su lado, cogió una cajetilla y se metió la mano en el bolsillo para sacar un par de billetes. Pensó en decirle “Quédate con el cambio”, pero le pareció tan cliché que sobrepasaba lo cliché de la escena entera: un algo así como detective buscando a la esposa de un tipo lleno de plata que se ha fugado y baila en un prostíbulo. Pensó que si al menos la escena fuera en blanco y negro y fueran los años 50 tendría algo más de interesante. En blanco y negro habría sido mejor conocer a aquella mujer. Sin colores, sin ese rojo de sus y ese castaño de su pelo, sin el canela en su piel, sin el vestido envuelto en llamas.

La mujer a su lado llamó al mesero y pidió un whiskey-soda con mucho hielo.

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