Quimera de los ojos verdes

Hola Santiago, ciudad con desdibujados límites y que, como cualquier ciudad, se encuentra al borde. Al borde del colapso, al borde de la cordura y la resignación, del abismo de la felicidad, de la verdad. la depresión y de la mentira, todo al mismo tiempo. Al borde, al filo de la tierra de los condenados, de la ciudad perdida, del país del final del mundo. Detrás del alma sumisa de sus habitantes yace la dicha.

Recuerdo a la morena de los ojos verdes y grandes como fondos de alcachofa (rara analogía, lo sé) que solía encontrarme en las mañana antes de coger el micro para ir a la escuela. A veces esperaba al siguiente bus para darme la posibilidad de encontrarla una vez más. Arriba del bus encendía el walkman y sintonizaba el programa de Warnken y me dejaba llevar por el cursi, ameno y motivador discurso poético de este profesor de castellano. Un Santiago de ángeles sucios comenzaban a sacudirse las alas frente a mi y el hedor de sus plumas me fastidiaba el desayuno. Ir en un micro lleno de fétidos ángeles que te apretan y te empujan, golpeádote las canillas con bolsos absurdamente grandes y bolsas que siempre están preparadas para darte un pinchazo o con el canto de ladrillo o una piedra o quizá que cosa que traen esas desdichadas ángeles ya pasadas cuyos enormes traseros no les permiten levantar el vuelo.A mitad del trayecto Warnken se va con la promesa de volver pronto a capitanear el barco ebrio con el que pretende guiarnos a todos lo que queramos darnos el tiempo ya que no tenemos tiempoque nunca antes nos lo han dado.

Las cosas caen por su propio peso, pero también resplandecen con su propio brillo y crecen con su propia fuerza y acogen con su propio calor.

Muchos años despúes, esta misma mañana me monté en la bicicleta y me dirigí hacia arriba, sin topes y sin retrasos, haciéndole caso a un par de zorzales y esquivando bichos rezagados. Sin embargo mientras ascendía la recordé y tuve que volver a bajar y detenerme en cada esquina, en cada paradero a esperar unos minutos y darme la posibilidad , remota, de volver a ver la quimera de los ojos verdes que es la prueba de los ángeles, que es un motivo para ver la belleza en lo ajeno e intentar hacerla propia de la manera más egoista. La prueba de la existencia de dios, la aparición exquisita de una musa lejana y perdida.

Me detuve en cada paradero y ella no apareció. Probaré mañana.

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