Never forget, never forgive. [II]

No entiendo cómo fue que llegué aquí, pero sé que es siempre de la misma forma: sin pensarlo. Giro a la derecha dos calles más abajo. Las llantas chirrean y el motor jadea agotado por el esfuerzo. No hay manera de perderlos en este puto Peugeot, pero aún así sigo conduciendo. Ya se me ocurrirá algo.

La noche anterior, dentro del boliche una de las mujeres bailó un tema del que lo único que recuerdo es “… And here we go, lifes waiting to begin…” Quise preguntar qué canción era pero no encontré a quién hacerlo sin tener que pagar un trago y soportar una conversación vana. Lo malo de las putas en este país es que siempre se quejan. Van por la vida mendigando tragos y dinero, intentando vender la imagen de que la vida las arrojó al mal camino, o que lo hacen por sus hijos o que como empleadas domésticas les pagaban una miseria y mil excusas más que a nadie le importa mientras lo que deberían hacer es acercarse como alegres meretrices y te hagan olvidar las penurias fútiles del trabajo, el dividendo de la casa que no alcanzaste a pagar y la cuota de la tarjeta de crédito sobrepasada.

… And here we go, lifes waiting to begin… No hay más de 10 parroquianos y dos de ellos están al fondo amparados en la oscuridad de las butacas vip observando, observándome. Creen que no los he notado, pero los veo perfectamente en el espejo del escenario (que lo abarca por completo para ver dos veces y por todos lados a la chica de turno). Mueven sus cabezas entre las tetas danzantes del escenario y el sitio en que estoy yo.

Comenzaba a tomar el segundo de los dos Jack Daniels más caros que jamás pagué y la mujer a la que he venido a ver salió finalmente al escenario. No tiene un buen show realmente. Baila con sensualidad pero en su rostro se ve tristeza y eso, al menos para mi, no es muy sexy. Al parecer soy el único que lo notó ya que al terminar la primera de sus tres canciones todos se levantaron y aplaudieron y gritaron como si la verdadera Shakira hubiese contorsionado esas hermosas caderas…

Suavemente la música se fusionó y comenzó a sonar el mismísimo baboso de Peter Frampton. ¿qué puta en el mundo se pondría a bailar en un table dance de medio pelo “Baby I Love Your Way” del hijo de puta de Frampton (bueno, quizá tenga cierta lógica). Al menos es aquí donde se quita la parte de arriba de su atuendo. No pretendía erotizar a la audiencia ni llevarlos poco a poco al éxtasis, por el contrario, se sacó todo con rapidez y casi violentamente sus pechos saltaron a mis ojos.

Los hombres sentados mas atrás parecían moverse nerviosos en sus butacas. El mesero se les acercó y uno de ellos le dijo algo al oído. Tomó nota en la comanda y partió en dirección opuesta al bar.

Nunca ando armado, no tengo necesidad ni interés. Evito cualquier riña dentro de lo posible, pero ayer quizá debí coger el revolver antes de salir.

Antes de que la mujer pasara a su tercera canción fui al baño. El mesero estaba ahora allí adentro discutiendo con otro hombre. Me metí en una cabina y aunque ellos comenzaron a susurrar alcancé a escuchar que el mesero le advertía al otro que debía irse, que la policía estaba por llegar y que habría una inspección del lugar y de las chicas.

-ve a este sitio – le dijo al tiempo que yo tiraba la cadena y salía de la cabina. Pude ver como le entregaba el papel que antes escribió en su comanda.

Pensé en seguirlo y hacerme de esa nota, pero estaba ahí con un objetivo claro y que no tenía que ver con aquellos hombres que me seguían y observaban ni con lo que pudieran traer entre manos. Yo estaba allí con el encargo de intentar comprender a esa mujer.

Es curioso como las cosas suceden y se suceden desencadenando situaciones que terminan como uno nunca lo hubiera imaginado. Ayer, mientras terminaba de beber mi Jack Daniels no hubiera adivinado verme huyendo en un peugeot 207 con una mujer desconocida vestida de rojo en la parte de atrás que susurra “… And here we go, lifes waiting to begin…

La señal da rojo y un camión pasa delante de nosotros sin detenerse. Aprieto el pedal de freno a fondo pero ya es tarde y no consigo evitar el impacto que, frontal y en movimiento, nos arroja dando vueltas en círculos como el segundero loco de un reloj averiado.

No veo pasar mi vida ante mis ojos, así que asumo que no estoy muerto, toco mis piernas y me percato que el auto aún no deja de dar vueltas. Esto es eterno. Necesito que esto pare para poder revisar a la mujer. Pongo mi mano sobre su hombro y ella levanta la cabeza. Tiene un corte en la ceja del que sale sangre a borbotones haciendo juego con su rojo vestido … And here we go, lifes waiting to begin…” sigue cantando como si nada estuviera pasando, como si de su frente no parecieran salir lenguas de fuego escurriéndose por su rostro y fundiéndose con su vestido en llamas.

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7 thoughts on “Never forget, never forgive. [II]

  1. “…And here we go, life’s waiting to begin…”

    Una verdad a medias, vamos por la vida esperando que la muerte de inicio a la utopía de vivir en verdad y cuando llegamos a un paso de ella, nos arrepentimos y esa pequeña e insignificante frase pierde el verdadero significado contenido en ella.
    Yo diría: “…And here we go, death’s waiting to begin and life’s coming to an end…”

  2. me recordó una graciosa historia: Iba una mujer conduciendo una de estas gigantescas camionetas 4×4, rubia, preciosa como solo el dinero puede engendrar. Se detiene al lado de un hombre (que podría ser cualquiera de nosotros) y le dice “súbete”. a la camioneta -le dice el- mirando con cara de “nou pode acreditar” y ella le responde: ¡a la vereda estúpido que te van a atropellar !!

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