Que tipo tan imbécil

El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento” dijo Erasmo y ante eso no hay caso.

Mi mejor amigo es de esos que tienen esta necesidad imperiosa de que cada día de su vida sea el argumento de un libro o, mejor aún, de una película “independiente” y cursi que te deja como si salieras de la estación de trenes con tu canasto bajo el brazo a conquistar la ciudad. Es de los que sienten el deber de forzar las cosas en cada momento, transgredir en cada paso, animar su mundo en cada turno. No hay maldad en él ya que su afán no le hace pensar más que en lo que viene por delante y ante eso no cabe otra cosa más que la búsqueda de cómo pasar el tiempo de manera “legendaria”.
Estoy lejos de aspirar a eso. Pensarlo ya me cansa pero al menos he decidido ahora en este instante forzarme a hacer algo cada día. No pareciera ser cosa muy difícil. Un día descubrir un nuevo sabor, otro ir al teatro con algún amigo, quizá subir en bicicleta el cerro una mañana, tomar un bus e ir a visitar a mi madre o simplemente llamar a algún amigo al que nunca le devolví la llamada.

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