Todos mienten [II]

(viene de esto)

Con un pésimo baile, la muchacha se movía como un trapero arrastrando las piernas por el escenario. A pesar de eso yo la mirada babeando y cruzando los dedos para que se acercara a mi una vez se quitase el sostén. Bailó tres canciones y nunca se lo hizo. Hizo una reverencia esperando aplausos que no llegaron y salió del escenario. Los parroquianos gritaron molestos y los meseros la hicieron salir nuevamente con gestos amenazantes, sin embargo ella se negó a quitarse el resto de la rop y sin dejar de sonreír comenzó a sobarse a sí misma abrazándose a las cortinas. Esto satisfizo al público lo suficiente ya que jamás la habían visto de otra manera que dando un triste espectáculo que sólo le soportaban con su meneo de mula vieja para poder verle las tetas saltar al son de la música. En ningún momento me miró mientras hizo su espectáculo. Esto me entristeció un poco, ya que aún creia en que habían posibilidades de que nos llevaran a sus cuartos. Miller se dejaba toquetear por su chica y ella se le arrimaba como si nunca hubiera deseado a nadie más que a él en la vida. Mientras tanto el viejo me hablaba de algo que le había sucedido en Nueva York mientras trabajaba en la Western, que un tal Kronski le rompía las bolas tratando de convencerlo de llevarlo a conocer a unas fulanas que le recordaban a estas y habían terminado borrachos en un callejón de la 5 conversando con una puta que se ofrecía por 10 dólares a cambio que después la acompañaran hasta su casa porque estaba demasiado ebria para caminar 4 calles abajo . Sin prestarle mucha atención, mi mente giraba en torno a las piernas de Janet y de los pechos que ya jamás vería. Crucé nuevamente para que volviese a la mesa con el atuendo del show pero me desilusionó al llegar con la misma ropa que llevaba antes, bastante más recatada de lo que me hubiera gustado a estas alturas. Se sentó y permaneció callada unos segundos. Nadie habló hasta que la que estaba con Miller notó que había regresado y le preguntó que por qué mierda no se había sacado la ropa, que para eso le pagan y que no esperara que ese día le pagaran lo de costumbre. Con lo que seguí escuchándo me enteré de que aquella era la amante de turno del gerente y se sentía como la regenta del lugar. Janet hizo como si no escuchara y pidió que le rellenaran el vaso de whisky soda (más soda que whisky) y le trajeran algo para picar. Acomodó su silla y la acercó a la mía y sin mirarme, volvió a poner la mano donde antes y esta vez podía ver su escote. Noté que esta vez se había sacado el sostén, por lo que sus pequeños pechos caían suaves y se dibujaban tiernamente con su blusa. Notó que yo la miraba y sonrió apretándome con la mano. Seguimos hablando hasta pasada la medianoche. Yo no tenía hora de entrada gracias a que siempre fui tan tranquilo que mis padres nunca necesitaron darme límites. Nunca hacía nada más que ir al colegio o pasármela en mi cuarto leyendo. Por la misma razón es que comencé a preocuparme por la hora y me deshice en disculpas con las mujeres. Miller me agarró del hombro y me hizo sentarme. “Sabes que estas bellas damas nos han invitado a pasar con ellas una linda velada el sábado por la noche” me arrojó de golpe. Pude ver como Janet esgrimía una pequeña sonrisa. “así es que dales las gracias antes que nada”. Les agradecí tal como me pedían y vi como Miller, parándose como pudo tras esos incontables jack daniels, le daba una nalgada a la mujer y dirigiéndose a todo el local se despidió con una reverencia como un presentador que termina un show de variedades y como si alguien además de los que estábamos en la mesa le prestase alguna atención. Agarró su sombrero de alas anchas tan pasado de moda como su traje y se me colgó para no caerse mientras caminábamos a la puerta. Nos despedimos en la esquina y lo vi meterse a tientas a un taxi. Yo corrí hasta mi casa como nunca y me metí a escondidas a mi cuarto por la ventana. Poco dormí aquella noche pensando en Janet y en la velada que se avecinaba el sábado siguiente. Pensando en esos pechos que vi de soslayo y que esperaba poder tocar pronto.

(continua)

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