30 pasos

Doy treinta pasos antes de darme cuenta de mi error. Claudia me mira y sonríe. Ella no sabe. Juliana solo lo sospecha. Siempre sospecha, duda del resto y persistentemente en su vida ha desconfiado de todos. De todos menos de mi, hasta ahora.

No son mis ojos los que me delatan. Es algo en mi expresión. Sé que es la comisura de los labios. La mueca no alcanza a ser una sonrisa, no logra siquiera ser una mueca, pero ella, sólo Juliana es quien la detecta.

Camino 30 pasos y sé que ya es tarde, que la verdad que Juliana oye no es lo que ella quería oir. Camino 30 pasos y también siento que todo lo que María espera de mi se ha ido junto con la sonrisa que siempre tuvo dentro de su mirada. Ahora, en cambio, sólo la desesperanza la cubre.

El sendero que sigo tiene más de 300 pasos pero ya en estos 30 primeros sé y lo saben ellas que es el fundamental error de mis decisiones perturbadas quien guía mis pusilánimes piernas, desenfoca mi mente y retuerce mi espíritu anodino y estúpido.

El sendero tiene más 300 pasos y tengo la férrea intención caminarlos todos.

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