Nada bueno comienza un lunes

Alfonsina me espera frente a la casa, sentada en el taxi comiendose las uñas. La recordé esta tarde al ver en el cable una película que fuimos juntos a ver. Ese día, al igual que ahora, llovía a chuzos y el cielo apocalíptico amenazaba con arrazar al mundo y las rojas y moradas nubes fanfarroneaban su poder destructor.

Suena el teléfono y es H.

– ¿qué haces, bro?

– Nada -miento mientras miro si aparece el taxi de Alfonsina.

– Vamos al cine. Hay una de tarkosky que quiero volver a ver en El Biógrafo

– Mmm, paso.

– ¡Hey!, “motivación”, bro, “¡motivación!”. Oye… no puedo estar animandote a ti y a todo el mundo siempre.

– Llueve, hace frío y estoy con gripe desde hace un mes. Me recostaré a ver Galáctica o a preparar el guión que les debo a los del canal.

– Nada de excusas. Seguro que lo que vas a hacer es ponerte a ver una porno y  nada más que dártela toda la noche.- hace una pausa y respira para casi gritarme: ¡ponte un traje y nos vamos a tomar unas copas!…

– ¿no era el cine?

– Me hacen falta unas copas, además que nadie ve películas de Tarkoski en realidad… hey!, Atina, despabílate! ¡motívate, looser! Quítate esa “L” de la frente. Te paso a buscar en 5 minutos.

– Ok, pero avísame cuando estés a unas 10 cuadras porque estoy comprando una botella de ron- le digo mientras agarro con la otra mano la botella que compre hace 5 minutos en la esquina.

– … vale.

No pasan 10 segundos y el celular vuelve a sonar. Alfonsina está impaciente y me llama desde afuera.

– ¿ya?

– ¿”ya” qué?

– estoy abajo

Cuelgo, me coloco mi chaqueta de mezclilla, unos guantes, me palpo la sobaquera bajo el brazo para chequear el revólver. Abro una bolsa de la que saco una segunda chaqueta y una gorra. La chaqueta es barata de color rojo y con unas lenguas de fuego en los brazos. Cool. Calzo la botella de ron en el amplio bolsillo interno de la chaqueta que llevo puesta y me pongo la segunda chaqueta sobre la otra.

Bajo las escalas, cruzo la puerta y me acerco al taxi. Meto la mano y siento la sobaquera, me agacho y le golpeo la ventana al chofer. La abre con cara de cansancio y observo como Josefina me mira sonriendo desde el asiento de atrás dejándo de comerse las uñas.

Quizá todo parece que pasa muy deprisa pero en realidad me tomo mi tiempo pausadamente. Necesito darle tiempo a los testigos de que se asomen por la ventana luego de que escuchen el primer disparo que le doy a la cara al  taxista. Alfonsina no grita, está petrificada. Lástima, me habrían servido unos gritos para llamar más la atención.

El disparo que le doy a Alfonsina es en la cien. Un tiro limpio y ruidoso. Un estruendo en la noche de la capital.

Me doy vuelta y me bajo un poco más gorra. Corro a la esquina fingiendo una cojera. Al dar la vuelta me quito la chaqueta, los guantes y la gorra y trotó más suave hasta el radiotaxi que me espera a mitad de cuadra.

– ¿Sintió ese ruido? me pregunta el chofer del radiotaxi.

– Sí, parecía como un disparo… – hago una pausa y le cambio la conversación- De la vuelta a la derecha y siga de largo hasta que yo le avise.

La calle esta semi desierta incluso para ser un lunes. Un perro cruza la calle frente al taxi, es un perro pequeño y sucio, más parece un estropajo viejo y desteñido. Camina como si no tuviera nada que perder, como si la vida no le importara. Lo miro al pasar y siento qu él me mira de vuelta y sigue caminando por la calle que iba.

Suena el teléfono. “Hey, bro, estoy a tres cuadras de tu casa”

Le digo al taxista que se devuelva, le miento y le digo que me he olvidado de algo en casa. Toma la siguiente calle y nos devolvemos en sentido inverso. El perro apareció por esta calle también, nos hemos cruzado dos veces por su camin y vuelvo a sentir la inquietante mirada desolada del kiltro.

Llegamos a la esquina de mi departamento y le pido al taxista que me deje allí. “Caminaré”. Me bajo y lo veo doblar en sentido contrario. Camino hasta llegar al auto de H. estacionado detrás del taxi y hay un grupo de gente alrededor.

– ¿qué pasó, vecino?- le digo al hombre del tercer piso.

– No sabemos, hubo un disparo y nada más. La señora García dice que había un hombre que salió cogeando. No sabemos más. Ya llamé a la policía.

Me hago el sorprendido y cojo a H. que conversa con una mujer a unos metros de allí.

-… y el tipo cogeaba… y yo, yo venía de acá y lo vi a la cara. – le oigo decir a H. – Tenía unos ojos de asesino. Parecía estar drogado. Tenía una escopeta escondida en la chaqueta… era horrible.

Me palpé la botella que llevo en el bolsillo de la chaqueta y sonrió para mi mismo. La mujer cree que el asesino anda con una escopeta, ja. Me acerco y la saludo

– usted está bien, señora? – Le pregunto mirándola a la cara.

– ¡¡ Sí, sí!, muchas gracias, un poco choqueada no más.

Miro a H. y le digo: ¿vamos? Nosotros no vimos nada y no serviremos de nada a la policía aunque estemos aquí toda la noche.

– Ok, vámonos. – me contesta H. – No hay que desmotivarse.

Nos despedimos de la mujer y nos subimos al auto.

– ¿Trajiste la botella?

– Sí, aquí la tengo.

– Heyyy, motivación, amigo, ¿viste? Sólo te faltaba un poco de motivación….

Anuncios

4 thoughts on “Nada bueno comienza un lunes

  1. Muy interesante el comentario de Alfonsina. Me gust{o el cuento, ¿Qué significa ese perro que se entromete tanto? ¿El único testigo?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s