Mediocres reflexiones de un ex-oficinista publicitario

Trabajo en casa. El notebook sobre el escritorio, la taza de café y Aretha Franklin sonando con su potente Respect por los altavoces.

Reviso la agenda, doy un sorbo al café, tomo el teléfono y veo si tiene señal, doy otro sorbo al café, veo la hora, no me ha llegado ningún correo, pienso en el almuerzo mientras doy otro sorbo a la taza. ¿qué suena ahora? ¿Audioslave? Sí.

Doy otro sorbo a la taza de café, me quedó un poco fuerte y pienso que no puede ser mala idea eso de echarle coñac…

No extraño los años en una oficina ni menos el asqueroso Nescafé en lata, tampoco echo de menos los cotilleos de las horas de almuerzo y las “sacadas de vuelta” para conversar con las Ejecutivas de Cuentas. Como no fumo, tampoco añoro las conversaciones en la terraza echando humo con cigarrillos ajenos

Seguro que sí extrañaré en primavera las faldas recién estrenadas de las compañeritas de trabajo, el taconeo de la treintona con sobredosis de feromónas que intenta conseguir novio entre los ejecutivos o directores de cuentas y los escotes de las pechugonas que logran escalar en la oficina a fuerza de movimientos pélvicos al caminar y un vestuario caro y poco elegante.

Conozco poca gente que eche de menos el lugar de trabajo en el que estaba. Será que el rubro en el que me muevo es una “putada”, lleno de especímenes ambiciosos y egoístas que sin darte cuenta te contagian de todos sus defectuosos hábitos. Al cabo de un tiempo se transforman en nidos de ratas con olor a comida rancia. Una lástima si lo piensas, ya que habitualmente cualquiera pensaría que el ambiente daría para un crisol de diversidad y buena onda, en cambio sólo se trata de hacer tu trabajo mal pagado y hacer suficiente cabildeo para evitar que te echen, hacer que otro haga lo tuyo y ganar unos billetes más. El cabildeo es esencial y basta con eso para lograr un buen cargo en una agencia de publicidad.

Como agente independiente, ahora ya no debo preocuparme de estas cosas sino más bien de cómo ir tratando de sustentarme en los siguientes años. Es una tarea a largo plazo que se tiene en mente cada día, cada vez que vas al supermercado, estas pagando la cuenta del seguro de salud y que en ocasiones no te deja dormir. Ya estoy encaminado y aunque siempre hay vuelta atrás, la opción de buscar un puesto en una agencia es algo que se aleja completamente de mi horizonte.

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