mama

Mi madre muchas veces me dijo que era feliz…. Cierto es que había tenido una vida difícil, con épocas de sufrimiento,  escasez y con la necesidad siempre acechando. Me lo dijo al ver a mi hermana llegar un día a casa con sus hijos, me lo dijo otra vez hablando de como mi tía se desvivía por los nietos. Me lo dijo cada vez que ella abrazaba a mi hija y cada vez que recordaba esos abrazos.

Mi madre muchas veces me dijo que estaba orgullosa. Estaba orgullosa de la vida que le había tocado y de cada avance en la vida de sus tres hijos, estaba orgullosa de mis hermanos y de sus nietos.

Mi madre muchas veces me dijo que era una gozadora de la vida. Sus ansias de pasarlo bien la hicieron ser estos últimos años una madre alegre, una amiga querida, una compañía agradable, feliz, comprometida y desinteresada.

Mi madre era sencilla. Un vaso de agua con hielo era un trago delicioso, una copa de vino blanco era una fiesta, unas cortinas nuevas eran la felicidad de la semana. La conversación con una sobrina era un deleite.

No guardaba rencores. Le incomodaba la idea de no ser útil y eso la hacía preocuparse más de lo necesario. Estaba plenamente consciente de sus errores y de sus debilidades. Sabía qué es lo que había hecho mal y estaba completamente al tanto de sus aciertos. Eso la hacía feliz. Sabía que la felicidad no es una constante. Sabía que la felicidad se hace de momentos que pasan demasiado rápido. Sabía que para ser feliz sólo hay que recordar esos momentos las veces que quieras. Y su cabeza estaba llena de estos momentos que guardaba como tesoros. Tesoros que tienen nombres y tienen rostros. Son las caras de sus hijos, de sus sobrinas, de sus amigas, de sus hermanos.

Una de sus preocupaciones era la muerte. Era algo que la rondaba desde hace años. Ella había sobrevivido a sus padres. Había vivido más años de los que vivió su amada madre y  sentía que “ya la había hecho”, que todo lo que vino después era de regalo.

La vida que tuvo después la aceptó como se aceptan los regalos, con humildad con felicidad y gratitud.

Escritora y artista: Juliette Rose Fretté

No lo dudes, es verdad: Juliette Rose Fretté ha escrito ensayos de análisis y entrevistado a grandes figuras del mundo del arte ya que también es pintora (ver sus trabajos).

De hecho escribió el artículo que acompañaba a sus propias fotos como  Playmate of the Month de junio de 2008 en la revista Playboy. Este texto hablaba sobre la perspectiva femenina del por qué posar para Playboy la “empoderaba” (leer texto en inglés). Como escritora independiente ha publicado artículos en  Lit and Music Review , Examiner.com y Huffington Post.

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Fuente: Oh! Gran Wikipedia
Web oficial: juliettefrette.com

Aveces suena el timbre y nadie toca la puerta

Evito tener que pensar en la posibilidad de asombrarme por algo. Prefiero mantener las cosas estables, frías, sin cambios. Una vida en la que cada detalle está planificado porque detesto las sorpresas y no tolero los imprevistos.
El plan es sencillo: que todo funcione normal.
El auto tiene sus revisiones periódicas según recomienda el fabricante; quito las hojas del techo antes del invierno; corto la electricidad cuando salgo de casa;  mantengo las colegiaturas de los niños, los impuestos y el pago mensual al cartero siempre al día. No hay motivos para que nadie golpee mi puerta a menos que yo le haya invitado.
Mi esposa no logra ver la arquitectura perfecta en la que su vida se desenvuelve. Simplemente me considera muy ordenado y eso le evita problemas. Siempre tiene el dinero suficiente para las compras del supermercado y para salir de vacaciones en primavera.
No estaría escribiendo esto si no fuera porque un día las cosas se trastocaron, el castillo de naipes se vino abajo, un ave entro por la ventana y alguien tocó la puerta y cambió todo lo que hasta ese día yo había logrado construir.
Aquel día estaba revisando que las ampolletas eléctricas estuvieran todas funcionando cuando me di cuenta de que la ventana de la cocina estaba abierta. Me bajé del piso en el que estaba encaramado y fuí hasta el quicio de la puerta de entrada. Corría un viento que inflaba las cortinas y mecía uno de esos adornos de cuentas colgantes que hacen un delicioso ruido marino cuando se golpean entre sí.
Cuando me di cuenta de que aquel pájaro se había metido por la ventana abierta me volví hacia la terraza y cogí el periódico con el afán de espantarlo con el ruido, sin embargo el timbre de la puerta sonó quitándome la preocupación del pájaro instantáneamente: ¡Alguien golpeaba la puerta!
Mi esposa estaba en casa de su hermana y los niños repartidos en casa de sus amigos ¡Alguien golpeaba la puerta y yo debía abrirla!
Sé que es difícil de entender mi disgusto ante esta trivial situación, pero si hubieran pasado los últimos tres años evitando esta simple situación me comprenderían. Simplemente no podía quedarme parado en medio de la sala, con el periódico en la mano mirando a un pájaro invasor y escuchando como aquel desconocido se aburría de tocar el timbre y comenzaba a golpear la puerta con insistencia.
Me habían prometido que no debía preocuparme por nada, que nadie me molestaría en esta casa, en esta ciudad. Me aseguraron de que no tendría que vivir asustado ni que tendría que vivir mirando sobre mi hombro buscando algún perseguidor. Me juraron, prometieron, aseguraron e incluso firmaron un documento que los responsabilizaba ante cualquier eventualidad… sin embargo ¡Alguien golpeaba la puerta y no pretendía irse!
Me dirigía  a la entrada y sin soltar el diario abrí la puerta fingiendo calma, aparentando una tranquila y natural expresión de pasividad.
“¿Qué desea?”, le dije a las mujeres que estaban del otro lado del quicio.
– ¿quién es usted? – me dijo la que estaba más atrás.
Era una pequeña mujer de unos 35 o 36 años que vestía un vestido simple de color rojo oscuro y que no había logrado combinar nada de su guardarropa aquel día luciendo un par de zapatos azules y un bolso de cuero marrón. Mi esposa se molestaría de saber que de una mirada había repasado todo el vestuario de aquella mujercita de pelo teñido y boca demasiada pintarrajeada para disimular la delgadez de sus labios. No solo no combinaba su ropa, sino que tampoco sus gestos hacían juego con su figura. Estaba erguida sobre ese par de zapatos de tacos altos como si toda su vida hubiera calzado zapatillas. También había algo masculino en su mirada, una resolución en sus ojos delataba la avidez de saber quién era yo más que cualquier otra cosa.
– ¿y quiénes son ustedes señoritas? Si buscan a mi esposa la encontrarán en la tarde, a eso de las 6.
– No venimos por ella,… ni por usted.. se suponía que en esta casa no habría nadie.
-Pero estoy yo, ciertamente.
La segunda mujer inclinaba su cabeza para mirar al interior de la casa sin lograr encontrar lo que parecía esperar ver dentro.
-¡Déjanos entrar! – dijo la pequeña
Sin moverme de la puerta las estudié nuevamente. La segunda mujer seguí intentando ver algo dentro y pude notar que además de ser más alta que la otra, además era más voluptuosa y ciertamente no llevaba sostén ese día. Sonreí al darme cuenta de esto y les pregunté con resolución nuevamente:
-¿Quiénes son y qué quieren?
– Venimos por el pájaro –  contestó la primera evitando decir su nombre.

¿El pájaro? Mi mente recordó el periódico en mi mano derecha, las ampolletas de repuesto en la caja de herramientas, el piso en el que estaba subido antes y a la intrusa ave que habíase colado minutos antes por la ventana.

– El pájaro se fue – respondí maquinalmente – no hay nada que puedan hacer, peo si quieren pasen.

¿¿”Si quieren pasen”???? … Bo sé como de mi boca salieron esas palabras ni como mi cuerpo se movió dándoles espacio para pasar junto a mi hacia el interior. pero ciertamente esas palabras fueron las primeras que dije desde el momento que la vida que había construido por casi tres años comenzó a destrozarse por completo.

Create tu pulicher

Que http://createtupulicher.wordpress.com/ haya cerrado sus puertas me hace sentir pobre. Pobre de mente, de iniciativa, de entusiasmo, de dedicación.

Se trataba de un sitio en donde a partir de un pequeño relato inconcluso,  escrito por cualquier persona se desarrollaba una historia gracias a la colaboración impetuosa de otro.

Era casi hermoso ver como un pequeño comentario de tres o cuatro lineas se formaba a si mismo con el anhelo de crecer y convertirse en un cuento del que no tenías la posibilidad de moldear ni dirigir.

Uno de esos blogs que no deberiamos dejar que se duerman.

Me aburro

(Jefferson Airplane – Somebody to Love.mp3)

Quizá tenga que encontrar un hobbie, las cosas son así: me aburro. Y no es que tenga un anhelo, un deseo o una ambición egotista de “ser” más. No.

Simplemente me aburro.

Mi madre me asegura que si tuviera un hijo ya no me sucedería, un amigo me insiste en que escribir es la solución. Mi esposa cree que debiera dedicarme a reparar cosas de la casa y mi jefe debe pensar que debo pasar más horas trabajando.

Pensar y hacer son dos cosas distintas y a nadie sorprendo con esta afirmación. La cantidad de pensamientos, un sin fin de análisis, una abrumadora cifra de millones de planes no se compara con el simple hecho de que quizá eso de “plantar un arbol, escribir un libro y tener un hijo” no son una tontería en estos tiempos.

Tengo mi cactus frente a mi. Nunca lo he regado. Continuamente lo golpeo con papeles y objetos que arrojo sin cuidado al escritorio. Hace unos años compré una gran pecera que dejé de cuidar hace tambien años. Aún sobrevive un pez, un caracio anaranjado que se alimenta a base de la suciedad que generan las plantas. Tengo una colección de autos a escala que yace dentro de una bolsa plástica en algún lugar del desván y un librillo de sudoku que lleva meses llenándose pausadamente de polvo y desdicha por ser ignorado.

He dejado de leer , de ver televisión y de ir al gimnasio. Me vuelvo cada día más gordo, idiota y amargado.

Mientras más me aburro, más me a-Burro (…chiste facil, lo sé).

Sólo dios perdona

“Perdóname, (…) puedo amarte y desearte, pero no tienes lugar en mi vida en este momento”

lamentablemente estas palabras tan sólo suenacomo “no eres tú, soy yo” y es un manifiesto de cobardía, simple y llana.

La crueldad de las palabras de una mujer son las que corrompen el alma del hombre y lo transforma. ¿cómo creerle a cualquiera de ellas si la que hemos amado con locura, aquella por la que moriríamos sin pensarlo nos hace sentir traicionado, nos despoja de si misma y nos deja huérfanos?
“Traición con traición se paga”. No eres tú, son todas las tú del mundo las que crean a los monstruos en los que nos convertimos.

No son ustedes, soy yo.

No hay.

No puedo dejarlos seguir en el error ni permitir que ciertos agentes les hagan creer lo contrario.

No existe el cambio, lamento rechazar tu creencia. Me niego a creerla tanto como me niego a la certeza de la ley de gravedad y al hímen incólume de María y la existencia de una puta buena. Nadie cambia, nada se tuerce (la cuchara no puede torcerse porque en realidad no existe la cuchara).
La coca cola no cambia, la gente no cambia. Tu creencia de cambio es tan sólo la observación de la degeneración natural de las cosas, la corrupción del ser, la fatiga de materiales que provoca que caigan los aviones y las tetas de las mujeres después de los 40 años.

Ni hay cambio, ni la alegría llegó.